Sobre LAS ENTRAÑAS DEL PEZ de VIRGINIA RIVAS por Urbano Pérez Sánchez. Catálogo Jóvenes Artistas Extremeños 2010.


SOBRE LAS ENTRAÑAS DEL PEZ DE VIRGINA RIVAS

“Y a Leviatán, ¿le pescarás tú a anzuelo, / sujetarás con un cordel su lengua?”
Libro de Job.
“A la mitad del miedo se llega sin dar / rodeos (...)”
Javier Codesal.

Las entrañas del pez es el título de la serie pictórica realizada recientemente por Virginia Rivas (1.981), la cual se integra a su vez dentro de un proyecto interdisciplinar todavía en proceso, quizás el más ambicioso de la artista hasta el momento, llamado La Construcción de Caos, con el que se propone la reflexión acerca de las fobias sociales en el contexto contemporáneo.
Lo que llama primeramente la atención de las nuevas obras de Virginia es su decidida voluntad de desvinculación con el discurso pictórico de trabajos anteriores[1], que se basaba en la alternancia en el lienzo de planos de abstracción y de figuración, con los que lograba separar eficazmente la esfera intima o individual, de la colectiva o global. Esta dinámica compositiva es sacrificada ahora en pos de una expresividad diversa, que parece operar en una única dimensión de espacio y pensamiento, más acorde con la naturaleza de aquello que se pretende representar.
De haberse mantenido tal dinámica, se habría dado continuidad a la línea de representación armónica del ser humano y su entorno –reproducido fotográficamente- que se imponía en buena parte de esos proyectos. Sin embargo, la artista ha elegido en esta ocasión mostrar al ser humano por omisión directa del mismo, rompiendo así dicho equilibrio. A la vez ausente y en el centro de las composiciones –del mismo modo que el miedo en nuestro interior-, su huella se halla en las cosas que le pertenecieron y en los lugares donde vivió: objetos cotidianos (“Una silla vacía y una tirita”) y un hábitat urbano (“Sull´erba”) completamente degradado. Construcción –es decir, creación- desde la premisa contraria de deterioro.
El paisaje de Las entrañas del pez, como ella misma señala[2], es “Un paisaje residual, despojado, bello”, y continua: “La clave se encuentra en la simbología del pez como representación del ser humano. El más pequeño es comido por el más grande.” Este motivo, cuyo trazo recuerda al de Basquiat, aumenta la capacidad de sugerir de las obras. También podría interpretarse como trasunto actual de la criatura Leviatán (encarnación, según los eruditos bíblicos, de las fuerzas preexistentes del caos).
Nombrar el miedo parece un primer paso hacia su superación. Requiere valor. En su célebre poema “Miedo”, el escritor norteamericano Raymond Carver hizo inventario de aquello que más temía, quizás con la intención de exorcizarlo: “Miedo a ver un coche de la policía acercarse a mi puerta. / Miedo a dormirme por la noche. / Miedo a no dormirme. / Miedo al pasado resucitando. / Miedo al presente echando a volar. / (...)”[3]
Los cuadros de Las entrañas del pez son el resultado del enfrentamiento de Virginia con sus temores más profundos. Pintar es, en ella, equivalente a nombrar. Felicitémosla por tan esmerada captura.

Urbano Pérez Sánchez, Abril de 2010.

[1] El que mira desde el otro lado (2.007) y Señas de identidad (2.008).
[2] BARRERA, L.: “Entrevista a Virginia Rivas”, Destino Extremadura. Suplemento semanal de ocio y turismo, 8 enero 2.010, p. 3.
[3] CARVER, R.: Todos nosotros, Madrid, Bartleby Editores, 2.006, p. 74.